Te has ido pero realmente sigues aquí.
Tu alma? tu recuerdo? tu energía?.
Han pasado 365 días desde que partiste.
Muy difícil.
Has dejado un vacío que nadie podrá llenar.
Así es la vida y debemos de aprender a vivir con ello.
Llorar no es la salida.
Lo importante es que tu recuerdo siga vivo entre nosotros, los que te conocimos.
Hubo un corto adiós, un hasta luego, un "cuida a tu mamá, cuida a tu papá".
Tus palabras siguen presentes.
No hay día que no me acuerde de tí.
Miro tu fotografía y leo una tarjeta que me enviaste cuando cumplí 15.
"Te mereces una vida feliz".
Mientras escribo esto, las lágrimas quieren brotar como cataratas en un río, un río de recuerdos.
Es difícil luchar contra la corriente, pero a veces hay que seguirla.
La fortaleza es la raíz de la supervivencia y convivencia.
-Mariana Marrufo 9 de Mayo 2014-
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